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Febrero 2007 |
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Álvaro Cepeda Neri
La palabra-concepto: despotismo, conducta política del déspota, actualmente significa “un gobierno arbitrario y coercitivo incompartible con las libertades políticas (entre éstas: la libertad de prensa), el gobierno constitucional y el imperio de la ley”, escribió en su ensayo Melvin Richter, en la Enciclopedia del pensamiento político, de Alianza Editorial. Le faltó agregar que el déspota analfabeta, como lo es el (des)gobernador de Sonora: Eduardo Robinson-Bours Castelo, además de arbitrario y autoritario, abusa del poder para su beneficio y llevar a cabo las venganzas que se le antojan, al estilo de las mafias políticas y sus compañeros de viaje: los cárteles del narcotráfico.
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Bours y el viernes para el olvido
Luis Alberto Viveros
El viernes 8 de diciembre del 2006 fue un día aciago para el gobernador de Sonora, Eduardo Bours Castelo. Empezó mal y siguió peor. Dice uno de sus escoltas que el mal humor del mandatario empezó desde muy temprana hora, luego de una llamada que le hicieron de México.
Desaparicion, por órdenes del poder*
Alejandro Gutiérrez
Poco a poco se va disipando el misterio de la desaparición del joven reportero de El Imparcial de Hermosillo Alfredo Jiménez Mota: un grupo de funcionarios municipales y estatales de Sonora se coludieron con el capo Raúl Enríquez Parra y le encargaron al sicario Félix Moroyoqui que lo matara. El testigo que le reveló estos hechos a la PGR ya pidió ayuda a diversos organismos defensores de derechos humanos porque se siente desprotegido. Y no es para menos: descubrió que el jefe del mencionado grupo de funcionarios ligados al narco es hermano del gobernador de Sonora.
Troglodita

Manrique
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